Hablar inglés frente a otras personas puede dar nervios, sobre todo si no te sientes seguro de tu pronunciación o temes cometer errores. Sin embargo, equivocarse no es un signo de fracaso, sino de aprendizaje. De hecho, las personas que más rápido progresan son las que se atreven a hablar, aun cuando no se sienten listas del todo. El secreto está en entender que el objetivo no es hablar perfecto, sino comunicarte.
Una de las mejores formas de ganar confianza es practicar en entornos donde te sientas cómodo. Puedes hacerlo frente al espejo, con un amigo que también esté aprendiendo o en clases conversacionales donde un profesor te guíe. Cada intento, por pequeño que parezca, suma. Lo importante es transformar la vergüenza en curiosidad, y los errores en oportunidades para mejorar.
Recuerda: nadie nació hablando inglés. Todos los hablantes —nativos o no— tuvieron que practicar miles de veces antes de dominarlo. Así que la próxima vez que dudes antes de decir algo, piensa que cada palabra te acerca a tu meta. Hablar inglés no se trata de hacerlo sin fallas, sino de hacerlo con valentía.



